Mi evolución

¿Quieres saber un poco más cómo me ha cambiado seguir un plan de alimentación basada en vegetales?

En esta entrada te voy a mostrar mi evolución en relación al Índice de Masa Corporal (IMC) y otros efectos que he notado desde que empecé a llevar una alimentación basada en vegetales. Periódicamente actualizaré los cambios que voy experimentando con un nuevo post.

Pero déjame que empiece por el principio.

Durante años, he luchado contra los kilos de más (no unos kilitos, sino decenas de kilos). Han sido muchas las dietas que he probado: la Atkins, la cetogénica, la del ayuno 5:2, la Weight Watchers, además de dejar de desayunar durante meses y de cenar durante temporadas, entre otras que ni me acuerdo.

He estado convencida durante años que para adelgazar debía comer básicamente verdura y carne/pollo/pescado a la plancha y sobretodo eliminar radicalmente de mi dieta el pan, las patatas, el arroz, las legumbres, etc.

El problema: que a medida que pasaban los años cada vez me sobraba más peso. De hecho, tenía la sensación que cuanto más mayor me hacía más que costaba hacer dieta y menos me funcionaba.

Además, mi relación con la comida tampoco era muy sana que digamos. Siempre me sentía hambrienta. Mi ansiedad por la comida iba en aumento. Comía para celebrar cualquier éxito, pero también comía cuando estaba triste, cuando estaba preocupada, es decir, la comida era mi vía de escape en momentos de bajón, pero también mi ilusión en momentos de subidón.

Así que llegó un momento en el que di mi lucha contra la obesidad por perdida. Pensando que no había nada que yo pudiera hacer. Ya no estaba gorda, sino que era gorda. Tenía que aceptarlo. Me tenía que conformar con los genes que me habían tocado.

Lo cierto, es que yo, que siempre me he considerado una persona inconformista y luchadora, esta decisión me tocaba muchísimo las narices, pero que le iba a hacer. Ya no sabía que más probar.

Además, no estaba dispuesta a seguir pasando hambre y a comer aburridos e insulsos platos para perder unos miserables 200 gramos a final de semana.

Así que durante unos años dejé que mi cuerpo siguiera su camino.

Pero como puedes imaginar el problema en lugar de solucionarse, empeoró y los kilos fueron sumando.

La situación se agravó hasta el punto que ya no sabía ni lo que pesaba, pero las tallas iban en aumento. Lógicamente estaba sumamente preocupada, pero realmente no tenía ni idea de qué hacer.

Hasta que, por casualidades de la vida, llegó a mis manos un libro titulado “El estudio de China” (lógicamente te lo recomiendo) que, a pesar de su aburrido título, me cambió literalmente la vida.

El libro expone, desde un punto de vista científico, qué alimentación debemos seguir para mantenernos sanos y evitar enfermedades. A la vez que muestra qué alimentos están directamente asociados a las enfermedades más frecuentes en los países occidentales.

La realidad es que no podía creerme lo que leía. La verdad es que estaba haciéndolo todo mal. Lo que hasta ese momento creía que estaba bien hecho, era lo peor que podía hacer.

Así que me puse manos a la obra y seguí las pautas de una alimentación saludable.

Si te soy sincera, en ningún momento pensé en que adelgazaría, sino que mi objetivo principal era mejorar mi salud.

La grata sorpresa llegó pronto.

A las 2-3 semanas:

  • Me di cuenta que ya no tenía tanta hambre
  • Que mi ansiedad por la comida se había reducido drásticamente
  • Que dejaba de sentirme hinchada y empezaba a sentirme más ligera y “desintoxicada”
  • Que mis piernas se estaban deshinchando y me dolían cada vez menos, algo que llevaba sufriendo desde la adolescencia debido al lipedema que padezco
  • Que mis rodillas y tobillos ya no me dolían, algo que siempre había atribuido a mis lesiones como deportista (durante 20 años fui jugadora de baloncesto)
  • Que mis digestiones ya no eran pesadas
  • Empezaba a notarme con más energía

Y los más alucinante: ¡Que estaba perdiendo peso!, algo a lo que ya había renunciado.

Pero esto no acaba aquí, sino que a los 6 meses:

  • Mi ansiedad por la comida había desaparecido
  • Mis picoteos entre-horas se habían casi eliminado
  • Mi mente ya no estaba pendiente de la comida a todas horas
  • Mi estado de ánimo había mejorado sustancialmente
  • Mi relación con la comida era radicalmente diferente
  • Había adelgazado 14 kg.
  • Había reducido mi talla de pantalón de una 48-50 a una 44

Déjame que te muestre un par de fotos. La primera de enero de 2017 y la segunda de enero de 2018. Como curiosidad te diré que las fotos están hechas en el mismo país y llevo la misma chaqueta y botas en ambas fotos. Sé que la calidad no es muy buena, pero la verdad es que no tengo muchas fotos mías.

Aunque mi peso todavía no ha llegado a un peso normalizado, mi tendencia sigue siendo a la baja, aunque más lentamente que al principio (actualmente llevo perdidos 17 kg.). Eso sí, nunca me había costado tan poco perder peso. De hecho, siento que como lo que quiero (dentro de una alimentación 100% vegetal) y me mantengo o pierdo peso. Lo que sí puedo decirte es que me siento genial, con ilusión y ganas de hacer deporte. De hecho, ya he empezado con algunas rutinas suaves. Mi relación con la comida sigue siendo estupenda y mis piernas siguen sin dolerme y mejorando su aspecto.

Te presento una gráfica donde puedes seguir la evolución de mi IMC desde que empecé a seguir una alimentación 100% basada en vegetales.

¿Tienes planeado empezar a llevar una dieta basada en vegetales y empezar a mejorar tu relación con la comida y perder peso de forma saludable? Me encantaría que me contaras tu experiencia.

Si necesitas saber más sobre alimentación basada en vegetales puedes empezar leyendo este post.

Créditos fotografía: https://pixabay.com/en/cat-walking-stairs-steps-face-1846356/

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